En el mundo de la Moda

Sixto Barba es un empresario ecuatoriano que combina su dedicación al mundo de la moda con la formación de una extensa familia de nueve hijos.

Sixto Barba es un empresario ecuatoriano que combina su dedicación al mundo de la moda (es propietario de una empresa que provee ropa) con la formación de una extensa familia de nueve hijos, los dos mayores ya en la universidad y el más pequeño –"una bendición del Cielo"-, con una enfermedad congénita. Sixto y su mujer –Patricia- pertenecen al Opus Dei. 

20 de marzo de 2006 ¿Cómo influye la formación del Opus Dei en su trabajo? San Josemaría enseñaba que cada uno está llamado a ofrecer a Dios su trabajo, realizándolo de la mejor forma posible. Decía que debíamos ‘poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas’. El mundo de las telas, la confección y la moda puede parecer algo ajeno a todo eso, pero no es así. Desde este trabajo se puede hacer mucho por dignificar con sentido cristiano toda la vida humana a partir del buen gusto en el vestir. En el Opus Dei he oído muchas veces estas ideas y me han resultado muy inspiradoras a la hora de sacar adelante mi tarea profesional. Con Patty, mi mujer, procuramos ofrecer a nuestros clientes, junto con los uniformes que diseñamos, un curso de comportamiento social en el que -con sentido práctico y atención a sus necesidades- les transmitimos interés por detalles de ética y estética en la vida laboral y familiar que tienen una clara inspiración cristiana.

¿Es difícil compatibilizar este trabajo con los deberes familiares cuando son once en casa?

Con toda la Familia

Doce hasta hace poco! (mi suegra vivió ocho años con nosotros). Bueno, la verdad es que muchas veces la tarea se dificulta. Llegas cansado a casa y hay nueve chicos a los que atender, cada uno con sus necesidades y problemas diversos. Creo que la clave está en mantener presencia de Dios. Conversando de todos los asuntos, familiares o profesionales, con tu Padre Dios, puedes adquirir una perspectiva más distante y objetiva de las dificultades, hasta darte cuenta que son pequeñeces que quizá demandan atención, pero que nunca agobian. Por lo demás, procuramos trabajar en equipo, de manera que los más grandes ayudan en el cuidado y las necesidades de los pequeños. ¡No todo lo hacemos los padres! Y es bueno que así sea.

El más pequeño de sus hijos tiene síndrome de Down. ¿Cómo han recibido esto en casa?

Efectivamente. Álvaro Tomás, que nació en abril del 2004, es un niño Down.  En parte se trataba de algo conocido, pues tenemos un sobrino con la misma enfermedad, y este sobrino siempre ha sido un primo muy querido para mis hijos. De modo que cuando supimos que Álvaro Tomás nacería con la enfermedad, los chicos lo tomaron sin miedo alguno. Además, la fe nos enseña que estos niños pueden vivir siempre en gracia y la experiencia demuestra que suelen ser un factor de unidad familiar. Así lo hemos comprobado: todos se desviven por cuidar y ayudar a Alvarito. Nunca está solo y creo que nunca lo estará. Es realmente una bendición del Cielo para nosotros: creo que hemos visto cumplido lo que decía San Josemaría en su libro Vía Crucis, "¿no es verdad que en cuanto dejas de tener miedo a la Cruz, a eso que la gente llama cruz, cuando pones tu voluntad en aceptar la Voluntad divina, eres feliz, y se pasan todas las preocupaciones, los sufrimientos físicos o morales? Es verdaderamente suave y amable la Cruz de Jesús".