Mons. Larrea: un fiel normal y corriente

Algunos pasajes sobre la personalidad de Mons. Juan Larrea, tomado del libro que cuenta su biografía: Un rayo de luz sobre fondo gris, de Antonio Vázquez.

Opus Dei en Ecuador

¿Quién era Juan Larrea? ¿Quién es este hombre que ya ocupa un lugar entre los destacados hombres de Ecuador? ¿Es un insigne jurista? Eso, sin duda. Más de cien volúmenes sobre cuestiones legales acreditan su intenso trabajo de magisterio universitario, investigativo y de ejercicio profesional. ¿Un forjador de la historia? Su denodado esfuerzo por defender los derechos humanos en su país a través de las leyes por las que trabajó, da buena cuenta de ello. ¿Un infatigable escritor, que desde 1976 publica miles de artículos, cientos de obras doctrinales y que mantiene su presencia en la TV y cualquier otro medio de comunicación? Sí. Todo esto lo hizo, con no pequeño esfuerzo, por amor a la Verdad.

Mons. Juan Larrea, en sus últimos años como obispo de Guayaquil.

Un hombre con corazón de sacerdote y obispo que no tiene otro afán que el de identificarse con Jesucristo. Antonio Vázquez, uno de sus biógrafos, le escribió para pedirle algunos datos y hacerle algunas preguntas. Juan respondió: Todo se debe al rayo de luz, la ráfaga de claridad que cambia totalmente el aspecto de una existencia al contraste magnífico de la acción de Dios en la vida vulgar y corriente de una persona cualquiera.

Nada o casi nada de lo que pueda relatar se sale de lo cotidiano, lo de siempre y en todas partes. Lo que he vivido –y ya son 77 años– se ha desenvuelto en la normalidad; pero un foco de luz poderosa proyectó el Señor en mi alma, como en la de millones de personas, con el bautismo. Allí recibí la condición gloriosa de hijo de Dios, la libertad con que Cristo me liberó; allí se me confirieron la gracia y los dones del Espíritu Santo y con este sacramento fui incorporado al Cuerpo Místico de Cristo, que es la única Iglesia; adquirí derechos de fiel y contraje obligaciones: quedé comprometido con el compromiso de la fe y del amor, propios de un bautizado. «La consagración que me interesa: la del fiel normal y corriente».

La conciencia plena de esta realidad transformadora del bautismo no la tuve siempre: se fue insinuando poco a poco y llegó como el rayo de luz sobre el fondo gris de una existencia anodina, desde que conocí a un santo, cuya misión consistió precisamente en enseñar y mover a muchos, ¡a todos!, a conocer la grandeza de la vida ordinaria, el cambio profundo de lo vulgar y corriente en algo realmente grande, por la fuerza de la gracia, por la vivencia de la fe y del amor. Tuve la dicha de conocer y seguir de cerca al Fundador del Opus Dei en 1949 y he vivido la experiencia de participar en su beatificación en 1992 y en su canonización en 2002.

Juan Larrea es el primer fiel del Opus Dei de nacionalidad ecuatoriana y el que inicia la labor apostólica en su país. No se gloriaba de ese hecho, para él meramente cronológico, pues entendía que estaba para servir. Así lo vivió siempre. Incluso, cuando por edad deja la sede arzobispal de Guayaquil, vuelve a Quito, recibe, como uno más, sus encargos pastorales en la Prelatura del Opus Dei. El primer día que se apresura a atender una de sus labores, le comenta a la persona que le recibe: ¡aquí me tienes aprendiendo de nuevo a ser un simple sacerdote...! Así es, a los setenta y seis años, Su Excelencia Reverendísima don Juan Larrea Holguín.

Desde 1996 padeció cáncer, que llevó con una fortaleza y con una sonrisa heroicas sin interrumpir su trabajo pastoral e intelectual. Su lema episcopal Caritas Christi urget nos (el amor de Cristo nos urge) resume su intensa vida de oración y trabajo.


* Tomado y adaptado de la Biografía de Juan Larrea, Un rayo de luz sobre fondo gris, de Antonio Vázquez